viernes, marzo 16, 2018

Quiero escribirte

Hola, 

acabo de quedarme sólo en la mesa. Se ha levantado la última visita de esta mañana. Y quiero escribirte. Escribirte como estoy contando los minutos uno a uno, sin pausa, haciendo cada vez más larga esta vida incompleta, y dejando cada vez más atrás aquellos momentos de felicidad. 
¿donde estás?, ¿por qué no puedo cerrar el libro de nuestra historia?, ¿por qué se me enquista este último capítulo?
Me digo que ya no pienso en tí y que no quiero pensar en tí, cuando precisamente éso es lo que estoy haciendo a cada momento, pensar en tí continuamente. Para engañarme a mí mismo intentando convencerme de que ya no formas parte de mí....
Si realmente consiguiera olvidarte, pasarían esos minutos y no aparecerías en mi cabeza...pero no es así, no es así. 
He querido escribirte un millón de veces, aunque no sabía en realidad qué decirte, porque lo que quiero contarte es lo que no quieres saber. Continúo apegado a ese sentimiento que despertaste en mi un día, una hora, un minuto concreto, un marzo de hace muchos años. No puedo desahogarme haciéndote patente lo mucho que te quise, lo mucho que te quiero y lo mucho que te querré, y éso es una carga muy mal estibada en mi espíritu, que me impide corregir mi rumbo. Eres lo que desearía para tener todo lo que cualquier persona puede desear, pero los deseos no siempre se hacen realidad, y se quedan en el camino de los deseos...y tú te has ido ya, en ese mundo donde los deseos no se hacen realidad.

Hoy no voy a escribir sobre lo bueno y lo malo, lo que fue y lo que pudo ser, y lo que pudo no ser. No, hoy no voy a decir nada de eso. Hoy sólo quería gritar en silencio lo mucho que te echo de menos y el vacío tan grande que has dejado en mi vida. 

Tal vez nunca leas esto, seguramente no quieras tampoco leerlo, y si algún día lo haces, quiero que sepas que en aquel día de Marzo de hace muchos años, la luz entró de lleno en mí y encontré un rumbo, y un triste día de Febrero, después de muchos años, la luz se apagó de repente, dejándome en la oscuridad de un mar sin faros ni costas, sin líneas ni cartas para poder navegar en él, perdido y solo. 

Antes, ahora y siempre

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