martes, marzo 20, 2018

Y UN DÍA MÁS, UNA SEMANA MÁS EMPIEZA

Martes lluvioso y desapacible, como corresponde a la estación. Acabo de ver nieve, blanca, cubierto el campo de ella, con esa belleza que da ver lo alto de la montaña de color blanco cuando pasas en el coche. Bonito paisaje, me digo, con los ojos humedecidos por el frío...¿o no es el frío?.

Día de despedida, día de cambios demasiado bruscos cuando los planes eran hacerlos suaves. A veces hay que tirar fuerte para hacer menos daño el menor tiempo posible. Pero aún así duele, y duele mucho.

He visto una lágrima tuya, yo no he sido capaz de llorar, aunque temblaba como una hoja. Y no lo he hecho porque ya no iba a servir de nada, y porque ya he llorado tanto que no quiero empezar de nuevo, para que las lágrimas no me impidan ver las estrellas.

Me he visto saliendo por el mismo sitio con la misma maleta con la que entré hace años. Pero más cargada, mucho más cargada. Cargada con todo lo que hemos vivido, no vivido y además cargada con la culpa de lo no demostrado. Y en los últimos tiempos rebosada con hechos que emborronan todo lo anterior.
Duro darte cuenta de las últimas veces, así como las primeras veces son siempre gozosas, las últimas veces son siempre duras, muy duras. La última vez que estoy a solas contigo en esa esquina de la calle, la última vez que duermo en esa cama, la última vez que me levanto y cruzo ese pasillo, la última vez que nos miramos a los ojos y nos decimos que nos queremos. Toda última vez suena a despedida para siempre.
Y notas la lejanía, no en la distancia, si no en el corazón.,  notas como todo se difumina, y el presente se convierte en pasado y el pasado en sombra. Y recuerdas, recuerdas aquella risa, aquellos labios, aquellas manos en tu espalda.....aquel susurro durante la noche, aquel beso en el hombro antes de dormirse, sintiendo que la diosa fortuna por fín te había sonreído....y todos esos recuerdos pasas a las sombras, antes de desvanecerse.
No puedes dejar de imaginarte el futuro, en que por esos ojos navegarán nuevos marinos, por esas curvas trazarán rumbos personas que lo merezcan más...y aún así, seguiré pensando que tus mares los amé tanto que parezco uno de esos viejos marineros de los puertos, que miran al mar con nostalgia y añoran aquellos tiempos en que pelear con las olas que los querían hundir eran los tiempos felices, sin importar el peligro que ello conllevaba. Y esa añoranza me hace morir por dentro, sintiéndome varado y sin destino posible, envidiando al joven que ahora navega donde antes tuve navegar yo, trazando nuevos rumbos en ti, que hacen olvidar cada vez un poco más a aquel que un día juró amarte por encima de todas las cosas.

Pero llega siempre un momento en que no puedes hacer más, y prefieres que esté bien a que esté contigo...
Y hoy sigo queriéndote, y mañana seguiré queriéndote y ayer te quise aún más.








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